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Economía
Solidaria y Organizaciones Sociales
Ariel
Fontecoba[1] Introducción La Economía Solidaria en la teoría
Al tratar de hacer un rastreo bibliográfico de los distintos libros, artículos
y demás publicaciones de circulación habitual en torno a la economía
solidaria, la primera situación que se presenta es la diversidad de
expresiones teóricas que salen a la luz. Intentar clasificarlas, o aún más,
procurar hacer una crítica de cada una de ellas, requiere un esfuerzo y
dedicación que exceden los límites de este trabajo. Pero la ausencia de
tal esfuerzo, aunque sea limitado, condena cualquier elaboración monográfica
a la impotencia, tanto en el campo descriptivo como explicativo. En este
sentido, es importante aclarar que este primer apartado, si bien busca dar
cuenta en líneas generales de las distintas corrientes de la economía
solidaria en la teoría, presenta limitaciones propias de todo esfuerzo
acotado en el tiempo y cuya intencionalidad principal es reflejar ciertos
factores característicos de una experiencia particular de economía solidaria. A
grandes rasgos, podemos dividir a la teoría sobre la economía de
solidaridad en dos grandes vertientes: la europea y la latinoamericana[2].
En cuanto a la primera, sólo nos limitaremos a decir que sus
preocupaciones se dirigen principalmente hacia lo que se define como
economía social, fruto de la gran tradición del movimiento cooperativo
en ese continente, haciendo hincapié en experiencias más
institucionalizadas ligadas al tercer sector. Es así como, en lo
sucesivo, trataremos de presentar los elementos comunes más importantes
de tres autores latinoamericanos que han trabajado en el terreno de la
economía solidaria, dejando de lado las elaboraciones conceptuales
provenientes del viejo continente. La
primera característica compartida por la mayoría de los autores
latinoamericanos es el iniciar sus análisis partiendo de una esfera más
amplia que definen como economía popular. Evidentemente, esta
preferencia de corte sociológico tiene sus raíces en la especial
configuración estructural de las sociedades latinoamericanas, que ha dado
lugar, en varias oportunidades, a dudar de la pertinencia del concepto de
clase a la hora de reflexionar sobre la dinámica social de nuestros países. En
el caso de Orlando Núñez la economía popular estaría compuesta por los
pobres y los desempleados, los obreros asalariados del campo y de la
ciudad, los productores-trabajadores directos, individuales y agrupados en
redes, sindicalizados o cooperativizados, asociados o autogestionarios,
que a pesar de estar subordinados y dirigidos por la economía
capitalista, se identifican por su pertenencia a un proyecto común de
desarrollo nacional alternativo al capitalismo [3].
Por
su parte, José Luis Coraggio define a los sectores populares como
“unidades elementales de producción y reproducción (individuales,
familiares, cooperativas, comunitarias, etc) orientadas primordialmente
hacia la reproducción de sus miembros y
que para tal fin dependen fundamentalmente del ejercicio continuado
de la capacidad de trabajo de éstos “ [4].
En este sentido “la condición fundamental para clasificar como
‘popular’ a una unidad de reproducción es el trabajo propio (en
relación de dependencia o por cuenta propia) como base necesaria de la
reproducción”[5], lo cual no excluye la
participación en el mercado capitalista o en la economía del sector público
estatal. De esta manera, la
economía popular estaría dada por “el conjunto de recursos, prácticas
y relaciones económicas propias de los agentes económicos populares de
una sociedad”[6]
. Para
Luis Razeto, la economía popular es aquella que desarrollan los sectores
excluidos por el sistema capitalista y que ya no pueden ser reabsorbidos
por un Estado de Bienestar en proceso de desarticulación.“Habiendo sido
excluidos tanto de las posibilidades de trabajar como de consumir en la
economía formal, quedando enfrentados ante un agudo problema de
subsistencia, el mundo de los pobres se ha activado económicamente, dando
lugar a muy diferentes iniciativas y organizaciones que configuran la que
denominamos ‘economía popular’”[7].
La misma estaría integrada por tres formas principales: el trabajo por
cuenta propia, las microempresas familiares y las organizaciones económicas
populares. Una
segunda característica común a estos autores es el pasar de la definición
de una economía popular como concepto abarcante
a la delimitación del concepto de economía solidaria. La
especificación del término se realiza básicamente por los valores o
principios éticos que orientan la acción económica en sus distintos ámbitos
y que permiten definirla como solidaria. Para
Núñez esa racionalidad alternativa consiste en que los sujetos se
conducen en su actividad económica por “la valorización de la fuerza
de trabajo y por el valor de uso, valor de uso de los bienes y valor de
uso de la propia fuerza de trabajo”[8].
Por su parte Coraggio se refiere a “una utopía centrada en la
satisfacción de las necesidades”[9],
“relaciones predominantemente solidarias y no competitivas”[10], “ un nuevo modo de
vida desde las mayorías, más autogestionario, más democrático,
desarrollando nuevas formas de estatalidad, de lo colectivo, de la
representación”[11].
Pero el autor argentino toma la precaución de señalar que no se puede
asimilar apriorísticamente a la economía de los sectores populares con
una economía de la solidaridad, por el contrario, los grados de
solidaridad y sus características específicas deberán ser determinados
para cada caso concreto. Es por ello que habla de una estrategia política
contrahegemónica de la
economía popular como una posibilidad, como un espacio aún no
constituido pero siempre abierto al ‘todavía no’ de toda visión utópica
de transformación social[12].
Esta prudencia teórica y política se diferencia de las definiciones más
tajantes que formula Razeto para quien “ la economía popular en sus
varias manifestaciones y formas contiene importantes elementos de
solidaridad que es importante reconocer y destacar”[13].
Por lo tanto, estas formas de organización popular serían “portadoras
de una racionalidad económica especial, de una lógica interna sustentada
en un tipo de comportamientos y de prácticas sociales en que la
solidaridad ocupa un lugar y una función central”[14].
Esta solidaridad pasaría por los lazos de colaboración mutua, cooperación
en el trabajo y responsabilización solidaria que se establecen entre las
personas que conviven en una misma unidad económica.[15] Un
tercer elemento que señalan todos los autores es ver a la economía de
los sectores populares como un subsistema ya formado o en vías de
su constitución. Así, Núñez hace referencia a los sujetos de la economía
popular en sus estrategias de asociación emancipatoria, pues “no
solamente se ‘refugian’ en la producción mercantil, sino que tienen
una estrategia asociativa y autogestionaria en torno de la producción
mercantil, como proyecto de emancipación”[16] . Este razonamiento es el
que le permite afirmar que “la única manera en que una economía
popular puede emprender una estrategia de mercado e intentar competir con
el capitalismo y su economía de escala, sin que los
productores-trabajadores populares se conviertan en capitalista, es
precisamente a través de la asociatividad”[17].
Coraggio, por su parte, divide a la economía en tres subsistemas,
siendo la economía popular uno de ellos, pero bajo el dominio de la lógica
capitalista. De esta manera, “el referente empírico de ... la ‘economía
popular’ ha sido y es todavía un segmento del sistema económico
capitalista, que se denomina así no porque su movimiento se reduzca a la
economía capitalista, sino porque su movimiento de conjunto y sus leyes
principales están dominados por la lógica del capital”[18].
De esta relación subordinada se podría pasar a una articulación de los
sectores populares en función de una perspectiva política y económica
solidaria que permitiría hablar de la economía popular como “una
posible configuración de recursos, agentes y relaciones aún no
constituida, que incluiría reglas estables de distribución y regulación
internas del trabajo y de sus productos, un sujeto y/o una lógica
predominantemente propios, desde donde se articularía con el resto del
sistema económico”[19].
En este sentido, Razeto sigue el mismo análisis prospectivo que Coraggio
planteando que “desde estas experiencias asociativas y grupales se abre
un proceso más amplio que poco a poco puede ir englobando a más sectores
de la economía popular en una perspectiva de economía de solidaridad”[20].
Y especificando aún más su idea el autor chileno sugiere que
“la perspectiva es que lleguen a configurar entre todas ellas- junto a
otras formas de empresas alternativas, familiares, autogestionarias y
cooperativas- un sector de economía popular solidaria”[21]. Por último, existe un consenso amplio en cuanto a la diversidad de la economía solidaria, lo cual es reflejado teóricamente por los autores. Orlando Núñez lo manifiesta en la descripción de los grupos sociales que incluye en su definición de economía popular (ver supra). Coraggio es más explícito al afirmar que “otra característica relevante es la multiplicidad de identidades que contribuyen a constituir este complejo conglomerado [el de la economía popular]”[22] . Lo propio hace Razeto al manifestar: “es notable la variedad de experiencias que conforman la economía popular”, “(...) es un increíblemente heterogéneo y variado multiplicarse de actividades orientadas a asegurar la subsistencia y la vida cotidiana”[23] . Hacia
un enfoque alternativo
En
esta parte de nuestra reflexión pretendemos esbozar una perspectiva
alternativa para reflexionar a través de las distintas experiencias comúnmente
denominadas como de economía solidaria. La intención no es, obviamente,
desarrollar una conceptualización completamente nueva, lo cual escapa de
nuestras posibilidades actuales y del objetivo de este trabajo, sino
simplemente establecer un enfoque que parta de otros puntos de vista y que
ponga en el centro de nuestra reflexión otras problemáticas a la hora de
dar cuenta de las nuevas formas de producir y relacionarse. Consideramos
que unos de los desarrollos teóricos que más han contribuido a la
construcción de un enfoque alternativo de la constitución de la sociedad
capitalista y sus formas de reproducción son los trabajos de John
Holloway. Este apartado se basa en sus reflexiones e intenta incorporarlas
al pensamiento de las experiencias de economía solidaria. Holloway
parte del antagonismo como condición de la existencia en la sociedad
capitalista, como condición de la existencia en cualquier sociedad
opresiva. “La existencia en la sociedad
capitalista es una existencia conflictiva. Aunque este antagonismo aparece
bajo una multiplicidad enorme de conflictos, se puede sostener (y fue
sostenido por Marx) que la clave para entender estos conflictos y su
desarrollo es el hecho de que la sociedad actual está basada en un
antagonismo y que sobre él se organiza la característica distintiva de
la humanidad, es decir la actividad creativa (el trabajo en su sentido más
amplio). En la sociedad capitalista el trabajo está volteado contra sí
mismo, enajenado de sí mismo; perdemos el control de nuestra actividad
creativa.”[24] Este
antagonismo constitutivo de la sociedad capitalista implica que el trabajo
en tanto que hacer consciente, como unidad de concebir y hacer, como
característica que para Marx constituye nuestra humanidad, es fracturado,
fragmentado por el capital. Holloway pone en primer plano el carácter
social del trabajo como facultad creativa(poder-hacer), como característica
distintiva de nuestra humanidad. La posibilidad de poner en acto nuestras
potencialidades creativas, nuestra capacidad de desarrollar determinadas
actividades, depende del hacer de los demás. Los productos del hacer de
los demás son las condiciones de nuestro propio hacer. Esta dependencia
recíproca de las capacidades creativas humanas es lo que Holloway
denomina como flujo social del hacer. El capital es el proceso de
fragmentar el flujo social del hacer. “En
el capitalismo, el hacer es social pero la sociabilidad está fracturada.
El capital es un proceso de separación entre lo hecho y el hacer y su
conversión en propiedad privada. El capitalista rompe el movimiento
social del hacer, en el que lo hecho de algunas personas fluye en el hacer
de otros; arranca lo hecho del movimiento social y dice: ‘¡Esto es mío,
esta es mi propiedad!’. Pero esto significa que todos los demás son
separados de ese movimiento social, de la sociabilidad del hacer. Lo
hecho, que ahora es propiedad capitalista, es la precondición de nuestro
hacer, dado que nuestro hacer depende de la conexión con lo que ha sido
hecho por otros. El único modo en que podemos tener acceso a la
sociabilidad del hacer es yendo al capital y vender nuestra fuerza de
trabajo, o aceptando de alguna otra forma las reglas impuestas por el
capital en interés de su autoexpansión. El capital, tomando lo hecho y
convirtiéndolo en propiedad privada, se ha vuelto el guardián de la
sociabilidad del hacer. Para vivir, para ser humano, dependemos del acceso
a esa sociabilidad; eso es lo que nos fuerza a la sumisión una y otra
vez.”[25] La
negación de la sociabilidad del hacer implica la existencia de dos tipos
de poder. El poder creativo humano del hacer y su mutua interconexión, y
el poder de dominación capitalista basado en la separación de los
productos del trabajo ( en su sentido más amplio) de sus productores. “Entonces,
el poder tiene dos sentidos opuestos. Por un lado está nuestro poder, el
poder-hacer, el poder creativo, que es un movimiento de unir, de integrar
mi hacer en el movimiento social del hacer. Por el otro, está el poder
capitalista, poder-sobre, poder instrumental, que es un movimiento de
separar, de dividir lo hecho y el hacer, de separar mi hacer del
movimiento social. Los dos movimientos son totalmente diferentes. La lucha
es fundamentalmente asimétrica.”[26]
En
el capitalismo el poder-hacer se metamorfosea en el poder-sobre. Este
movimiento es el proceso mismo de dominación. “Cuando
lo hecho está separado del hacer, la capacidad de hacer (el poder-hacer)
se transforma en poder-sobre, en la capacidad de mandar el hacer de otros.
Para estos otros, el poder-hacer se convierte en impotencia.”[27] Para
Holloway la dominación no se plantea como un conflicto entre dos grupos
definidos de personas, más
bien se trata de un antagonismo que nos atraviesa a todos, pero de
distinta manera. “No
‘pertenecemos’ a una clase u otra: más bien, el antagonismo de clase
existe dentro de nosotros, despedazándonos. Nadie puede decir ‘soy la
pura creatividad consciente y desenajenada’, lo mismo que es imposible
decir de alguien que es la negación absoluta de la creatividad
(totalmente inhumano). El antagonismo (la división entre las clases) nos
atraviesa a todos. Sin embargo, lo hace de formas muy distintas. Algunos,
la pequeña minoría, participan directamente en y/o se benefician
directamente con la apropiación y explotación del trabajo de otros. Los
otros, la mayoría enorme, son el objeto directo o indirecto de esa
apropiación y explotación. La naturaleza polar del antagonismo se
refleja por lo tanto en una polarización de las dos clases, es anterior y
no posterior a ellas: las clases se conforman a través del
antagonismo.” [28]
El
capitalismo, como movimiento de separación del flujo social del hacer,
involucra el uso de la violencia. “En
cualquier sociedad clasista, la ruptura del flujo del hacer (la
metamorfosis del poder-hacer en poder-sobre) involucra el uso de la
fuerza. El capitalismo se distingue de sociedades clasistas previas por el
hecho de que la fuerza necesaria para asegurar la apropiación de lo hecho
se concentra no en los hacedores sino en lo hecho (como propiedad). En el
capitalismo, los hacedores son formalmente iguales a los apropiadores de
lo hecho (los capitalistas), así que el uso de la fuerza se concentra en
la propiedad de los apropiadores. Esto se puede hacer sólo cuando el uso
de la fuerza está separado del proceso inmediato de separar lo hecho del
hacer. En otras palabras, la dominación capitalista implica la separación
entre el estado y el proceso de explotación, entre lo político y lo económico,
una separación que constituye lo político y lo económico como tales. La
existencia misma de lo político (el estado) es una parte necesaria de la
separación de lo hecho del hacer. El estado, por lo tanto, no es el sitio
del poder. El estado, más bien, es un momento en el proceso de separar lo
hecho del hacer que es la transformación del poder-hacer en poder-sobre;
un momento, en otras palabras, de la fetichización de las relaciones
sociales.”[29] Pero
la fetichización no puede ser completa. Los sujetos, los trabajadores
como hacedores, no pueden ser completamente reducidos a simples objetos.
Toda sociedad clasista supone inevitablemente un movimiento de
resistencia. En consecuencia, el fetichismo se revela como un proceso de
fetichización, como un proceso de encauzar nuestra actividad, nuestro
hacer humano, a través de formas siempre fragmentadas de relaciones
sociales. “El
concepto de alienación, o fetichismo, en otras palabras, implica su
opuesto: no como un ‘hogar’ esencial no-alienado en lo profundo de
nuestros corazones sino como resistencia, rechazo, repulsa de la alienación
en nuestra práctica diaria. Es sólo sobre la base de un concepto de no
(o mejor anti) alienación o de no (esto es, anti) fetichismo, que
nosotros podemos concebir a la alienación o al fetichismo. Si fetichismo
y anti—fetichismo coexisten, entonces sólo puede ser como procesos
antagónicos. El fetichismo es un proceso de fetichización, un proceso de
separación de sujeto y objeto, siempre en antagonismo con el movimiento
opuesto de anti—fetichismo, de la lucha para reunir sujeto y objeto.
(...) Con esto, la dureza de todas las categorías se disuelve y los fenómenos
que aparecen como cosas o hechos establecidos (tales como la mercancía,
el valor, el dinero, el Estado) se revelan también como procesos. Las
formas toman vida. Una vez que el fetichismo es entendido como fetichización,
entonces la génesis de las formas capitalistas de las relaciones sociales
no es exclusivamente de interés histórico. La forma valor, la forma
dinero, la forma capital, la forma Estado, etc., no están establecidas de
una vez y para siempre desde los principios del capitalismo. Por el
contrario, ellas están constantemente en discusión, constantemente
cuestionadas como formas de relaciones sociales, siendo establecidas y
re—establecidas constantemente (o no) por la lucha. Las formas de las
relaciones sociales son procesos de formación de relaciones sociales.”[30] Entonces,
existimos en y contra el capital. Existimos en (como
objetos, como cosas) y contra (como sujetos, como creadores) las
formas valor, dinero, Estado, mercancía. “Nuestra existencia, entonces, no es simplemente una
existencia dentro de formas fetichizadas de relaciones sociales. No
existimos simplemente como las víctimas objetivizadas del capitalismo.
Tampoco podemos existir fuera de las formas capitalistas: no hay áreas de
existencia libres de capitalismo, ni esferas privilegiadas de vidas
no—fetichizadas, por lo que estamos siempre constituyendo y siendo
constituidos por nuestras relaciones con los otros. Mejor dicho (...)
existimos contra—y—en el capital. Nuestra existencia contra el
capitalismo no es una cuestión de elección consciente: es la expresión
inevitable de nuestra vida en una sociedad opresiva, alienante.(...)
Nuestra existencia—contra—el—capital es la inevitable negación
constante de nuestra existencia—en—el—capital. De manera inversa,
nuestra existencia—en—el—capital (o, más claramente, nuestro
encierro dentro del capital) es la constante negación de nuestra rebelión
contra el capital. Nuestro encierro en el capital es un constante proceso
de fetichización, o de formación, y nuestras relaciones sociales, una
constante lucha.”[31] Las formas en las que se desarrollan las relaciones
sociales en el capitalismo son formas-proceso, son procesos de formación,
de canalizar nuestras actividades cotidianas bajo las formas mercancía,
valor, interés, renta. Estas formas, que son formas de dominación,
suponen permanentemente la insubordinación de los oprimidos, son formas,
por lo tanto, que se establecen o entran en crisis por medio de la lucha
de clases. Aquí, la lucha de clases significa la lucha del capital por
clasificar, definir, sujetar nuestro hacer por medio de la apropiación de
las condiciones objetivas de su realización (medios de producción), y la
lucha del trabajo por negar su modo de ser negado bajo el capitalismo como
trabajo enajenado, por reunir lo que el capital separa y se apropia, por
tener acceso directo a la sociabilidad del hacer. “Lo que existe en la forma de su negación, lo que
existe en el modo de ser negado, existe realmente, a pesar de su negación,
como negación del proceso de negación. El capitalismo está basado en la
negación del poder-hacer, la humanidad, la creatividad, la dignidad: pero
eso no quiere decir que esto no exista. (...) El poder-hacer existe también,
no como isla en una mar de poder-sobre, sino en la única forma en que
puede existir: como lucha contra su propia negación.”[32] Esto implica plantear de otra manera la cuestión de
la revolución. “Solía decirse que la transición del capitalismo
al comunismo, a diferencia de la transición del feudalismo al
capitalismo, no podría ser a través de los intersticios; que no había
forma en la que el comunismo pudiera crecer dentro de la estructura del
capitalismo. Esta idea da los fundamentos al concepto de la revolución
como un Gran Evento, y por supuesto a la idea del partido revolucionario
como el Dirigente del Gran Evento. Esto ignora el hecho de que la revolución
es inconcebible a menos que lo que aún no existe ya existe, y existe, en
forma antagónica y contradictoria, en la sociabilidad alternativa que está
tan profundamente enraizada en nuestras vidas cotidianas, en el amor, en
la amistad, en la solidaridad, en un millón de formas de hacer
cooperativo, en todo lo que hemos aprendido de los zapatistas a llamar
Dignidad. La elaboración de estas formas embrionarias de sociabilidad
directa es el proceso de la revolución.”[33] La
experiencia de la Cooperativa “La Asamblearia”
Un
poco de historia
Las Asambleas barriales son formas emergentes de lucha
surgidas a partir del proceso de rebelión social abierto con las jornadas
del 19 y 20 de Diciembre de 2001. Vecinos de casi todos los barrios de
Capital Federal y buena parte del Conurbano bonaerense comenzaron a
autoorganizarse en asambleas para deliberar sobre la candente situación
política. Los cacerolazos y las marchas de protesta hacia las sedes del
poder institucional se sucedían casi sin pausa. Pero, a diferencia de
otros períodos de crisis, la protesta no se agotaba en sí misma sino que
era la consecuencia de formas de articulación social inéditas en nuestro
país. La Asamblearia es el producto de esta nueva
subjetividad social nacida al calor de las jornadas de Diciembre. Su
constitución fue el fruto de la colaboración de dos asambleas: la
barrial de Núñez y la popular de Núñez-Saavedra. Tal como lo expresábamos
anteriormente, estas nuevas radicalidades políticas no se agotaban en la
protesta. Fue así como surgieron distintas actividades que tenían como
principio el “hacerse cargo” de los problemas comunes, tomando el
destino de sus vidas en sus propias manos. De esta manera lo relatan los
asambleístas de Núñez: “Concretamente, las asambleas comenzamos a
organizar con los vecinos compras comunitarias de productos de primera
necesidad. Empezamos comprando en el Mercado Central.(...) Después
tomamos contacto con productores de verduras orgánicas y comenzamos a
comprarles directamente. Luego agregamos
productos de microemprendimientos de nuestros asambleístas y
finalmente incorporamos artículos de las cooperativas El Aguante (ex
Panificación 5) y La Nueva Esperanza (ex Grisinopoli). (...) El armado de
estas compras comunitarias -que en Núñez se nos ocurrió llamar 'la
Bolsa y la Vida'- fue muy trabajosa: nos puso de cara a las enormes
dificultades de llevar adelante la autogestión social que considerábamos
distintiva del nuevo movimiento social. Nos dimos, como quien dice, un baño
de realidad. La mayoría de nuestros 'proveedores' estaban alejados del
barrio, y alejados entre sí. Unos y otros pusimos mucha voluntad, y mal
que mal la tarea ha tenido continuidad, aunque en muy pequeña escala. Y
descubrimos que nuestras dificultades de gestión y económicas se
potenciaban con las de los productores, que son graves especialmente en el
aspecto de la comercialización: tomamos conciencia de la necesidad de
intentar formas mejor organizadas de desarrollar esta lucha por la
producción, distribución y consumo alternativos.” Claramente,
en un principio, la
experiencia de los vecinos se fue desarrollando en sentido contrario al
impuesto por los canales formales de comercialización y distribución. En
un comienzo, se acercaron al Mercado Central, que se erigía como “el
guardián de la sociabilidad del hacer”, luego decidieron entablar un vínculo
directo con los productores, saltar el cerco que les imponía el Mercado
Central. Más tarde ampliaron sus relaciones, incluyeron más productos de
fábricas recuperadas devenidas en cooperativas y de asambleístas
reunidos en distintos proyectos productivos. La necesidad de reunir los
productos del trabajo de cada unidad productiva se incrementaba con la búsqueda
de una acceso directo a los mismos. Fue entonces cuando las “enormes
dificultades” aparecieron: los
proveedores estaban alejados del barrio
y entre sí, la imposibilidad de acceder a vehículos que facilitaran la
distribución era evidente, el flujo social del hacer se mostraba
fracturado por un derecho de propiedad que no reconoce en la necesidad
humana ningún derecho. Esta necesidad de producir, distribuir y
consumir de otra manera, alternativa al sistema capitalista, y las
dificultades que implica el autogestionar todas estas actividades llevó a
los vecinos de Núñez y Núñez-Saavedra a plantearse la posibilidad de
conformar una cooperativa. “(...) de la misma experiencia práctica
(...) surgió la idea de crear
un nuevo puente, más firme, entre las islas que hoy componen el archipiélago
de nuestro movimiento social. O si se quiere: un nuevo nudo que refuerce
la trama de la red de la sociabilidad alternativa de los argentinos
rebeldes.”[34] De la experiencia práctica nació la idea de la cooperativa, de la confrontación directa con una realidad que les negaba a los asambleístas el acceso directo a la sociabilidad del hacer, de aquí nació un movimiento que busca reunir el flujo social del hacer sin pasar por las huestes del capital. La radicalidad de la propuesta
Como afirman los asambleístas, la idea de formar una cooperativa no es
una propuesta aislada, nace de la búsqueda siempre renovada de construir
una nueva sociedad. “Aunque entre las desazones del día a día no
siempre lo percibamos, estamos en medio de la construcción de una nueva
vida, de nuevas relaciones sociales entre los argentinos. La persistencia
del que se vayan todos es la
forma en que nuestra rebeldía expresa su vocación transformadora, que
parte del empecinado resistir y se proyecta en el deseo de acabar con la
miseria, la injusticia y la falta de sentido que el capitalismo ha
impuesto a nuestra vida.”[35] Una vez más la resistencia, una rebeldía, una
vocación transformadora que “parte del empecinado resistir”, que se
resiste al poder-sobre del capital: “la miseria, la injusticia y la
falta de sentido que el capitalismo ha impuesto a nuestra vida”.
Resistir es crear, y la rebeldía “se proyecta”, no se agota en sí
misma, existe en-y-contra el capital, en-contra-y-más allá del capital,
y plantea la utopía: “acabar con la miseria, la injusticia y la falta
de sentido que el capitalismo ha impuesto a nuestra vida”, esto es,
acabar con el capitalismo. Esta vocación de cambio radical tiene una
expresión concreta en los objetivos que se esbozan para la cooperativa:
“La
Asamblearia se encuentra abierta a todos aquellos que quieran asociarse y
que acuerden con el principio básico que la origina: promover el
desarrollo de una amplia red de Economía Solidaria, que posibilite la
construcción de relaciones sociales alternativas a las que nos impone el
capitalismo neoliberal.”[36] La
forma cooperativa
El
elegir la forma cooperativa como nudo en la red de sociabilidad
alternativa que los vecinos de Núñez y Núñez-Saavedra procuran conformar no fue casual : “De
alguna forma el desprestigio y achanchamiento en que fue cayendo el
movimiento cooperativo ensombreció esa imagen original que tenía, como
propuesta auténticamente anticapitalista. Sigue siendo una forma de
producir, distribuir y consumir que rechaza el lucro y pone el acento en
la forma de decisión igualitaria y democrática” [37]
Se elige la
forma cooperativa porque se la considera una “propuesta auténticamente
anticapitalista”. La radicalidad de la propuesta se concentra en el
rechazo al lucro en la producción, distribución y consumo y en la forma
de gestión democrática e igualitaria. En La Asamblearia no hay patrones
ni empleados, sino simplemente asociados vinculados en forma voluntaria.
Las decisiones se toman colectivamente en asamblea y la regla no escrita
que rige los debates es la búsqueda del consenso. Aquí no se fuerzan
votaciones ni se busca la consolidación de mayorías y minorías; la dinámica
es otra. Los saberes, las opiniones, los encuentros y desencuentros se
articulan siempre de manera novedosa, en un proceso que sólo una
organización horizontal puede generar. De lo anterior se desprende que
los hechos contradicen al derecho. Si bien se cumple con los requisitos
legales que exigen la delimitación clara de funciones dentro de la
cooperativa, esto no es más que una cuestión de papeles, un trámite
necesario para poder establecer jurídicamente a la cooperativa. En el
devenir de la actividad diaria, el funcionamiento en asamblea y comisiones
de trabajo es permanente, la horizontalidad y la igualdad en la toma de
decisiones es la práctica que rige los destinos de La Asamblearia.
El tipo de
cooperativa a constituir trajo aparejadas algunas discusiones. La formas
legales de las cooperativas en nuestro país son de las más variadas, y
no todas tienen las mismas implicaciones a la hora de entablar vínculos
que cuestionen el modo capitalista de producir y consumir. Es así como,
la forma legal elegida fue la de Vivienda, Crédito y Consumo: "A
diferencia de una cooperativa de trabajo, así pueden participar los que
trabajan, y también los que no vamos a estar con un trabajo específico
con horario, pero sí con trabajo voluntario. Eso se hizo para evitar que
por necesidad, y en todo su derecho, los que están trabajando terminen
vendiendo Coca-Cola si eso responde a una necesidad puramente económica.
Sería perder todo sentido de autogestión y vínculos solidarios. Para
los que la creamos, es importante que esta cooperativa esté al servicio
de la Economía Solidaria".[38]
La cooperativa combina
distintos tipos de trabajo y grados de compromiso. La forma legal
finalmente adoptada era la que permitía que aquellos asambleístas que
aportaban su colaboración voluntariamente, es decir, sin la expectativa
de recibir un ingreso, pudieran seguir vinculados activamente. Se logra,
de esta manera, no sólo conservar los objetivos con los que fue fundada
la cooperativa, sino también una forma de trabajo flexible, que combina
el trabajo asalariado con el trabajo voluntario, y que permite la
incorporación de nuevos asociados.
La cooperativa espera
desarrollar su actividad en tres espacios al mismo tiempo. Por un lado, se
aprovechará el arraigo territorial de las asambleas para crear un mercado
local a partir de la venta minorista al público en general en una locación
que la cooperativa alquilará en el barrio de Belgrano. Luego, un equipo
de vendedores se encargará de acercarse al mercado formal de pequeños
comercios y en forma mayorista a los consumidores sociales ya
constituidos: asambleas, comedores populares, movimientos de desocupados,
etc; y a nuevos grupos de consumidores asociados que los asambleístas
esperan promover. El hecho de que se trabaje, a la vez, con el mercado formal y con un mercado social, da cuenta de la existencia contradictoria de estas experiencias alternativas en una sociedad capitalista. Aquí no se trata de construir el socialismo ‘en un solo lugar’, lo cual sería por lo demás absurdo, sino de ver como se intenta tejer redes de sociabilidad alternativa en los intersticios del sistema capitalista. La existencia en-y-contra el capital es de por sí conflictiva. No es posible afirmar a priori que el hecho de que se trabaje con el mercado formal develaría un supuesto reformismo oculto. Tampoco puede postularse a priori que el mercado social prosperará frente a sus formas capitalistas. Se trata simplemente de un proceso antagónico y por ende abierto. Por lo tanto, no coincidimos con autores como Razeto que caracterizan a la Economía Solidaria como un tercer sector no necesariamente contrapuesto a las estructuras estatales y las leyes del mercado capitalista. No consideramos a la Economía Solidaria simplemente como una alternativa económica dentro del orden social capitalista, sino como un movimiento que apunta a la constitución de una verdadera economía alternativa al capital. La relación con el Estado
“(...) no tenemos más remedio que tomar la
vida en nuestras propias manos: si algo nuevo surgió del 19 y 20 de
Diciembre de 2001 es el imperativo de la autoorganización. Las asambleas
populares y vecinales somos una forma autoconvocada de encuentro de
voluntades de transformación, que incipientemente abarcan cada uno de los
aspectos de nuestra existencia. No tiene sentido proclamar nuestra múltiple
autonomía y seguir aceptando las reglas del juego económicas; podemos y
debemos movilizarnos para reclamar al Estado y a los patrones respuestas a
nuestros problemas, pero también debemos encarar por cuenta propia su
solución. Aquí es donde entra esta construcción de la economía
solidaria”[39] La acción directa y la autonomía son dos
principios básicos en la organización de las asambleas barriales que se
reproducen en la forma de funcionamiento de La Asamblearia, La cooperativa
en sí misma nace como una iniciativa de los vecinos autoorganizados que
deciden “tomar la vida en sus propias manos”. El demandar sobre el
Estado no se descarta, pero el centro de gravedad en la construcción
de respuestas a las necesidades sociales se pone en los asambleístas
mismos: “Aquí es donde entra esta construcción de la economía
solidaria”. Además, la forma organizativa asamblearia se contrapone de
lleno a la estructuración jerárquica de las instituciones estatales.
Esta contradicción se acentúa aún más en la reivindicación permanente
de autonomía que realizan todas las asambleas. Las asambleas son
soberanas en el sentido de que son sus integrantes quienes se fijan sus
propias reglas; lo cual, lógicamente, no es compatible con la
verticalidad de las instituciones estatales. Es por demás conocido el
hostigamiento policial permanente que sufren la mayoría de las asambleas,
como así también los intentos de cooptación por parte de los CGPs y los
municipios. Acción directa y autonomía como principios
asamblearios, acción directa y autonomía como principios de una nueva
forma social de producción y consumo: “Es un intento de expandir la lógica
asamblearia (del consenso y la democracia directa), al ámbito de la
economía y la alimentación. Porque la alimentación es política, y para
nosotros, la política es asamblearia”[40] Expandir la lógica asamblearia al ámbito de
la economía implica superar la escisión de lo político y lo económico
que caracteriza a las relaciones sociales de producción capitalista. En
el capitalismo, el ejercicio de la violencia necesario que garantiza la
apropiación de los productos del trabajo ajeno no se encuentra en manos
de los apropiadores, como en las sociedades precapitalistas, sino que se
convierte en la facultad de una instancia separada de capitalistas y
trabajadores: el Estado. Esta instancia no es neutral, pues se deriva del
hecho de que en el capitalismo la explotación se encuentra mediada por la
compraventa formalmente libre de la fuerza de trabajo. Por lo tanto, para
que el Estado exista como momento político de las relaciones de capital,
debe contribuir permanentemente a la reproducción de las relaciones de
las mismas, y por ende a su propia reproducción como Estado. Si bien el
Estado no respalda directamente a ninguno de los dos sujetos de la relación
capital-trabajo, al garantizar la relación por la cual se constituyen
como clase dominante y clase dominada: la propiedad privada de los medios
de producción; es, por eso mismo, un Estado capitalista. Aquí, sin duda, se cuestiona uno de los
pilares del proceso de fetichización: la constitución como esferas
escindidas de lo político y lo económico. En consecuencia, la crítica
ya no se reduce al ámbito de lo privado entendido en términos puramente
económicos, sino que entiende a lo público(estatal) y a lo
privado(mercado) en su vinculación recíproca. Declarar a la economía y
a la alimentación como cuestiones políticas, a lo político y a lo económico
como momentos necesarios de una relación de dominación de clase, y
afirmar que la economía y la política deben seguir una dinámica
asamblearia, por lo tanto no separadas de la voluntad colectiva de la
sociedad, significa criticar las bases mismas del capitalismo. Que este proceso no pretende seguir los canales
de las instituciones estatales se torna evidente cuando se cuestiona la
idea de la toma del Estado: "La perspectiva que muchos hemos compartido de
una construcción de una sociedad distinta a partir de una toma del poder
del Estado es un poco contraria al hecho de ponerte hoy mismo a construir
una forma de relación social alternativa. La idea de que cuando
conquistes el poder del Estado vas a resolver desde arriba los problemas
de la sociedad, en un grado u otro te inhibe de concentrarte ahora en
hacer algo para transformar la vida que vamos viviendo"[41] La
Economía Solidaria
Cuando se
refieren a la Economía Solidaria los integrantes de La Asamblearia son
claros en su definición: “La economía solidaria en la Argentina de hoy
implica para nosotros la confluencia de tres factores: producción
autogestiva, comercio justo y consumo responsable”[42] Estos
tres factores de la Economía Solidaria son puestos en interrelación a
través de la cooperativa: “(...) la Cooperativa La Asamblearia se
propone distribuir y comercializar productos y servicios autogestionados
por distintos actores de la Economía Solidaria, procurando su encuentro
con consumidores responsables. El punto de encuentro es un precio justo,
en el que se cristaliza una relación que trasciende la compra-venta y
supone un intercambio social donde lo determinante es el valor del trabajo
incorporado.”[43] Más adelante entraremos en detalle sobre estos
puntos, por el momento nos interesa destacar como la cooperativa es
pensada como un espacio de articulación entre los distintos factores y
actores que hacen a una economía alternativa, como “un nuevo nudo que
refuerce la trama de la red de la sociabilidad alternativa de los
argentinos rebeldes” “La idea (...) es crear un nuevo vínculo
autogestionario entre productores (empresas recuperadas, cooperativas
agrarias, movimientos de desocupados, microemprendimientos barriales) y
consumidores, comenzando por aquellos que querrían ejercitar su capacidad
de consumo consciente y responsable y no encuentran un lugar de
referencia.”[44] Autogestión
Las relaciones capitalistas de producción no sólo
implican la aparición del trabajador libre en un doble aspecto: no
sometido a relaciones de servidumbre personal y como poseedor de su fuerza
de trabajo como única mercancía disponible para ofrecer en el mercado,
sino que ello se traduce en su total subordinación al capitalista en el
ámbito de trabajo. “A diferencia de la heterogestión, donde el
capitalista ordena y el trabajador acata y se subordina, en las distintas
formas de autogestión es siempre el trabajo y los trabajadores quienes
determinan las formas y objetivos de la actividad económica. La
Cooperativa La Asamblearia procurará producir, distribuir, comercializar
y promover el consumo de bienes y servicios autogestionados.”[45] La lucha contra el capital toma la forma de autogestión
o gestión obrera. El compromiso de la cooperativa con la unidades
productivas gestionadas por sus trabajadores es un elemento más en la
construcción de una economía alternativa, en el intento siempre repetido
de reunir el flujo social del hacer. El punto fundamental es que los
medios de producción en los espacios autogestionados son propiedad de los
trabajadores mismos, quienes, además, administran y controlan el proceso
productivo directamente o a través de sus representantes.
De esta manera, se estaría traduciendo en cada unidad de trabajo
el cambio que se pretende lograr para la sociedad toda. “¿Qué
entendemos por producción autogestiva? La que se realiza sin explotación
del hombre por el hombre. En la Argentina de 2003 es la que se origina en
las fábricas recuperadas por los trabajadores, en las asociaciones y
cooperativas de productores agrícolas, en los microemprendimientos
vecinales que surgen al amparo de asambleas y organizaciones de
trabajadores desocupados.”[46] La
consecuencia lógica de la producción sin patrones es la desaparición de
las relaciones de explotación individual en el ámbito de trabajo mismo.
Esto no quita que existan relaciones de explotación a nivel social, y que
ello se traduzca en la necesidad de los trabajadores colectivizados de
competir en el mercado. En última instancia, la eliminación de la
competencia intercapitalsita dependerá de relaciones de fuerza generales
que escapan a las posibilidades inmediatas de cada fábrica o empresa
autogestionada. Lo importante en este punto es el cuestionamiento que
hacen los miembros de La Asamblearia a las relaciones salariales
capitalistas y la explotación que ellas conllevan. “(...)
nuestras organizaciones se limitaban a solicitar aumentos de salarios sin
cuestionar todo lo alienante que encierra la relación salarial fundada en
la apropiación del trabajo que no se nos pagaba”.[47] Comercio Justo “De las experiencias propias y ajenas realizadas
hasta ahora, la Cooperativa La Asamblearia ha sacado por conclusión que
existe un amplio sector de consumidores dispuestos a optar por artículos
elaborados de forma alternativa, y a pagar por ellos un precio justo que
no refleje el deseo de lucro y aumento del capital sino que garantice a
los productores la posibilidad de reproducir su vida.”[48] Una economía centrada en la reproducción de la vida,
no en el incremento del capital. El comercio justo parece ir, en esta
definición, más allá de la forma mercantil hasta traspasarla. Cuando se
afirma el valor de la vida frente al aumento del capital se niega la forma
valor del producto y se afirma su valor de uso. Más allá de que el
intercambio pueda hacerse por medio del dinero, subjetivamente el fin de
la transacción es distinto del intercambio mercantil simple, se centra en
las necesidades humanas. “¿Qué entendemos por comercio justo? Es
aquel en el que los precios no están determinados por el Dios Mercado,
sino por un acuerdo al que llegan productores y consumidores, y que
reconoce tanto el valor del trabajo insumido en la producción y
distribución de los artículos como las posibilidades de pago que tienen
los vecinos.”[49] Una vez más se afirma el accionar consciente
de los sujetos ante el dominio alienante
del Mercado. La Asamblearia propone aquí un intercambio basado en
el acuerdo entre productores y consumidores, una relación que tenga en
cuenta las necesidades y las posibilidades de las dos partes. Nuevamente,
es secundario que se fijen precios o que el dinero siga actuando como
mediador (ya apuntamos el carácter contradictorio de nuestra existencia
en el capitalismo). Aunque la relación conserve sus manifestaciones
exteriores, se trata de un vínculo cualitativamente distinto. En nuestra
afirmación como sujetos ante la mercancía como una cosa exterior,
negamos su exterioridad y afirmamos que ella es un producto de nuestro
trabajo que se nos presenta como un objeto ajeno. Es la lucha del
poder-hacer en su modo de ser negado. Consumo Responsable
“¿Qué entendemos por consumo responsable?
Una posición política –en el buen sentido- por la cual abandonamos la
actitud pasiva y resignada a la que el sistema quiere condenarnos,
rechazamos el monopolio de las cadenas de hipermercados y exigimos artículos
de calidad, sanos, que no estén contaminados por la explotación de sus
productores.”[50] En la definición de consumo responsable se
vincula nuevamente lo económico con lo político. El consumo responsable
es “una posición política”. Por esto se entienden dos cosas. Por un
lado, implica una actitud consciente en la que el consumidor abandona la
pasividad impuesta por la rutinaria y alienante lógica del consumismo.
Por otro lado, tener una actitud políticamente orientada a la hora de
consumir supone incluir en nuestra elección otros factores además de la
relación precio/calidad. Estos factores están representados básicamente
por el respeto a las condiciones medioambientales y la ausencia de
relaciones de explotación en la unidad productiva. Es evidente que el
consumo responsable está directamente relacionado con el carácter
autogestivo de la producción. “Estos
productos autogestionados tienen que encontrarse con consumidores
responsables, que ejerzan su autonomía política al elegir artículos con
este valor adicional. Es necesario y posible romper con la actitud pasiva
del consumismo, cuya expresión en los últimos años ha sido la
concurrencia a centros comerciales e hipermercados, monopolizadores de la
comercialización, distorsionadores de precios y catedrales del culto al
Dios Mercado.”[51] Está
de más que insistamos en que tanto la autogestión como le comercio justo
y el consumo responsable son elementos que forman parte de una lucha
contra la fetichización de las relaciones humanas. Cada una de estas
categorías apelan al accionar consciente de los individuos y en ellos a
la sociedad toda. Suponen el abandono de nuestra actitud pasiva, alienada,
gobernada por las leyes objetivas y objetivizantes del mercado, y la
asunción de una conducta ético-política activa, nuestra reconstitución
como sujetos críticos. La Red: proyecto colectivo de transformación social El proyecto de la cooperativa La Asamblearia no se
agota en sí mismo, va más allá, reclama lo supuestamente imposible: una
sociedad nueva basada en el respeto por la dignidad humana. Por eso La
Asamblearia es un nudo de un espacio más amplio: la conformación de una
Red de Economía Solidaria. “Se trata de generar todo un sector, un subsistema
económico que arbitre consensualmente sus propias normas; las
dificultades son enormes, pues todo el sistema imperante y las
regulaciones estatales están pensadas para favorecer la actividad económica
del capital.”[52] En este sentido, los integrantes de las asambleas de Núñez
y Núñez-Saavedra participan
de los Encuentros de Asambleas autónomas, que ya van por su séptimo
encuentro, a partir de los cuales ha surgido una Comisión de
Economía Solidaria. En esta comisión participan un promedio de veinte
asambleas, sobre las cincuenta que habitualmente se acercan a los
encuentros, y tienen como objetivo replicar en cada barrio experiencias
tan ricas como la de La Asamblearia, aprovechando el conocimiento ya
adquirido con los distintos emprendimientos generados por los asambleístas.
“La
empresa nos supera: aunque apenas sea un puente más entre islas, un nudo
en la nueva red de relaciones sociales en construcción, necesitamos de
todo tipo de participación. Confiamos mucho en el movimiento asambleario
y en el movimiento social: lo mejor de nuestra vida, lo que tiene de
nuevo, se desenvuelve allí.”[53] Esta
vocación de construcción colectiva demuestra que los principios
esgrimidos en las discusiones y documentos y traducidos en las prácticas
locales están orientados por una lógica política comprehensiva que
reclama un cambio social radical y articula las fuerzas necesarias para
lograrlo. “Aun con la debida autonomía de sus partes,
el movimiento social es uno solo; si alguna de sus patas falla -por caso:
que las empresas recuperadas por los trabajadores no se puedan sostener
por falta de demanda para sus productos-, todo el noble intento de
construir una sociabilidad alternativa quedaría en peligro.”[54] De aquí que tenga sentido afirmar, una vez más,
que estamos en presencia de una proyecto colectivo de transformación
social que va más allá de cada experiencia, de cada emprendimiento, de
cada organización social y que, poco a poco, se va traduciendo en un
accionar consciente de la globalidad del cambio que se reclama.
Otra forma de pensar y hacer el cambio social
La tradición marxista ortodoxa negaba la posibilidad
de una cambio social radical a partir del desarrollo de formas
alternativas de sociabilidad desde los intersticios del sistema
capitalista. No es esto, precisamente, lo que se piensa y actúa desde un
amplio sector del movimiento asambleario. "Es real que son iniciativas dentro del marco del
capitalismo. No es que lo aceptemos: es lo que hay. Uno trata de
desenvolverse en un modo de producción capitalista pero tratando de
desarrollar una forma de producción y de gestión que no es capitalista.
Para nosotros lo distinto es que las formas de producción , distribución
y relaciones sociales que establecemos en el plano económico, no son
capitalistas.”[55] Estamos “dentro del marco del capitalismo”, en
el capital, pero “no es que lo aceptemos”, y por eso luchamos, por eso
desde La Asamblearia y otras experiencias nacidas desde distintas
organizaciones sociales se establecen formas de relacionarse que no pueden
ser definidas como capitalistas, son formas de lucha en y contra
el capital, son modos de relacionarse que luchan por liberarse de su
‘cerramiento’dentro de las formas sociales capitalistas. “La apuesta es grande, pues implica llevar adelante
una gestión popular de recursos económicos en el marco de la
predominancia de la gestión capitalista basada en el lucro, y de hacerlo
ahora, no en un futuro que nunca acaba de llegar. A partir de iniciativas
de emergencia, fruto del quiebre de la sociedad salarial en la Argentina,
de la propia necesidad de sobrevivir surge la posibilidad de establecer
relaciones sociales distintas, alternativas.”[56] Y la posibilidad de luchar “ahora, no en un futuro
que nunca acaba de llegar” también contradice gran parte de la tradición
ortodoxa de la revolución. Esta ya no es pensada como un momento de
ruptura, sino como un proceso, como un movimiento antagónico que busca
establecer “relaciones sociales distintas, alternativas” “¿De dónde sale
esta propuesta? De la vida misma, de nuestra
práctica social. El vínculo entre los actores del nuevo movimiento
social es profundo, fundado en la resistencia a la catástrofe económica
y social, resistencia que se potenció a partir del 19 y 20 de diciembre
de 2001.”[57] La Asamblearia, así como otras experiencias
alternativas, surgen de lo que ya existe, de ese otro mundo posible pero
permanentemente negado por el capitalismo, “de la vida misma, de nuestra
práctica social”, de una existencia social contradictoria, que
construye desde la solidaridad y sufre los embates del Estado y el
Mercado. “(...)
la Economía Solidaria se basa en lo mejor de nosotros mismos, en creer
que la dignidad y la igualdad son realizables, en saber que el egoísmo
del individualismo consumista fue una ilusión que nos trajo a la
pesadilla de la Argentina actual.”[58] En
las formas alternativas de hacer economía se encuentra “lo mejor de
nosotros mismos”. Son formas que tratan de desarrollar lo que ya existe,
la dignidad y la igualdad posibles, realizables, son la lucha contra la
imposición del presente como futuro. No son la otra cara de la realidad,
sino la cara de otra realidad posible. “En realidad, no estamos comprando y vendiendo, sino estableciendo nuevas relaciones humanas”[59] [1] El autor presentó esta monografía en el Seminario “De la Globalización a la Economía Solidaria “ que se dicta en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires – 2003. [2] Ver GUERRA, PABLO: “Economía de la Solidaridad. Una introducción a sus diversas manifestaciones teóricas”, en www.redmarysierras.org [3] Citado por TIRIBA, LIA : “Economía popular y Movimientos populares”, en www.redmarysierras.org , pág. 2 [4] CORAGGIO, JOSÉ LUIS : “El futuro de la economía urbana en América Latina (notas desde una perspectiva popular)” , pág. 335. [5] Ibidem, pág. 336 y 337. [6] Ibidem, pág. 335. [7] RAZETO, LUIS : “El camino de los pobres y de la Economía popular”, en Los caminos de la Economía de la Solidaridad, Cap.II, pág. 24 y 25. [8] Citado por TIRIBA, LIA : “Economía popular y Movimientos populares”, en www.redmarysierras.org , pág. 2 [9] CORAGGIO, JOSÉ LUIS : “El futuro de la economía urbana en América Latina (notas desde una perspectiva popular)” , pág. 333. [10]
Ibidem, pág 340. [11]
Ibidem, pág 347. [12] Ibidem, pág. 343. [13] RAZETO, LUIS : “El camino de los pobres y de la Economía popular”, en Los caminos de la Economía de la Solidaridad, Cap.II, pág. 29. [14] Ibidem, pág. 32. [15] Ibidem, pág. 31. [16] Citado por TIRIBA, LIA : “Economía popular y Movimientos populares”, en www.redmarysierras.org , pág. 2 [17] Ibidem, pág 2. [18] CORAGGIO, JOSÉ LUIS : “El futuro de la economía urbana en América Latina (notas desde una perspectiva popular)” , pág. 342. [19] Ibidem, pág. 343. [20] RAZETO, LUIS : “El camino de los pobres y de la Economía popular”, en Los caminos de la Economía de la Solidaridad, Cap.II, pág. 32. [21] Ibidem, pág. 33. [22] CORAGGIO, JOSÉ LUIS : “El futuro de la economía urbana en América Latina (notas desde una perspectiva popular)” , pág. 341. [23] RAZETO, LUIS : “El camino de los pobres y de la Economía popular”, en Los caminos de la Economía de la Solidaridad, Cap.II, pág. 25. [24] Holloway, John : “La Revuelta de la Dignidad”, en www.revistachispas.org, pág. 17 [25] Holloway, John : “Que se vayan todos”, en www.rebelión.org, pág. 1 y 2 [26] Ibidem, pág. 2 [27] Holloway, John : “La lucha de clases es asimétrica”, en www.revistachiapas.org, pág. 1. [28] Holloway, John : “La Revuelta de la Dignidad”, en www.revistachispas.org, pág. 18. [29] Holloway, John : “La lucha de clases es asimétrica”, en www.revistachiapas.org, pág. 2. [30] Holloway, John : “El capital como grito de dolor”, en www.rebelión.org , pág. 9. [31] Ibidem, pág. 10. [32] Holloway, John: “Doce tesis sobre el anti-poder”, en Contrapoder, Colectivo Situaciones, Ediciones De mano en mano. [33] Holloway, John : “Que se vayan todos”, en www.rebelión.org, pág. 3. [34] “Un puente entre islas, un nudo en la red”, Documento de la Asamblea barrial de Núñez. [35] Ibidem. [36] En la presentación de La Asamblearia. [37] Entrevista a Lucio Salas, integrante de la Asamblea barrial de Núñez, en www.lavaca.org [38] Ibidem. [39] Volante distribuido por las asambleas [40] Volante sobre “La Bolsa y la Vida”, proyecto de compras comunitarias de las asambleas [41] Entrevista a Lucio Salas, integrante de la Asamblea barrial de Núñez, en www.lavaca.org [42] Volante distribuido por las asambleas [43] En la presentación de La Asamblearia. [44] “Un puente entre islas, un nudo en la red”, Documento de la Asamblea barrial de Núñez. [45] En la presentación de La Asamblearia. [46] “Tejiendo la red”, texto redactado por Lucio Salas, integrante de la Asamblea barrial de Núñez. [47] Volante distribuido por las asambleas [48] En la presentación de La Asamblearia. [49] “Tejiendo la red”, texto redactado por Lucio Salas, integrante de la Asamblea barrial de Núñez. [50] Ibidem [51] En la presentación de La Asamblearia. [52] En la presentación de La Asamblearia. [53] “Tejiendo la red”, texto redactado por Lucio Salas, integrante de la Asamblea barrial de Núñez. [54] “Un puente entre islas, un nudo en la red”, Documento de la Asamblea barrial de Núñez. [55] Entrevista a Lucio Salas, integrante de la Asamblea barrial de Núñez, en www.lavaca.org [56] En la presentación de La Asamblearia. [57] “Un puente entre islas, un nudo en la red”, Documento de la Asamblea barrial de Núñez. [58] En la presentación de La Asamblearia. [59] Volante distribuido por las asambleas
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